REFLEXIÓN DEL EVANGELIO – DOMINGO IV DE ADVIENTO

ALÉGRATE

El relato de la anunciación a María es una invitación a despertar en nosotros
algunas actitudes básicas que hemos de cuidar para vivir nuestra fe de manera
gozosa y confiada. Basta que recorramos el mensaje que se pone en boca del ángel.
«Alégrate». Es lo primero que María escucha de Dios, y lo primero que hemos de
escuchar también nosotros. «Alégrate»: esa es la primera palabra de Dios a toda
criatura. En estos tiempos, que a nosotros nos parecen de incertidumbre y
oscuridad, llenos de problemas y dificultades, lo primero que se nos pide es no
perder la alegría. Sin alegría, la vida se hace más difícil y dura.
«El Señor está contigo». La alegría a que se nos invita no es un optimismo forzado
ni un autoengaño fácil. Es la alegría interior que nace en quien se enfrenta a la vida
con la convicción de que no está solo. Una alegría que nace de la fe. Dios nos
acompaña, nos defiende y busca siempre nuestro bien. Podemos quejarnos de
muchas cosas, pero nunca podremos decir que estamos solos, pues no es verdad.
Dentro de cada uno, en lo más hondo de nuestro ser, está Dios, nuestro Salvador.
«No temas». Son muchos los miedos que pueden despertarse en nosotros. Miedo al
futuro, a la enfermedad, a la muerte. Nos da miedo sufrir, sentirnos solos, no ser
amados. Podemos sentir miedo a nuestras contradicciones e incoherencias. El
miedo es malo, hace daño. El miedo ahoga la vida, paraliza las fuerzas, nos impide
caminar. Lo que necesitamos es confianza, seguridad y luz.
«Has hallado gracia ante Dios». No solo María, también nosotros hemos de
escuchar estas palabras, pues todos vivimos y morimos sostenidos por la gracia y
el amor de Dios. La vida sigue ahí, con sus dificultades y preocupaciones. La fe en
Dios no es una receta para resolver los problemas diarios. Pero todo es diferente
cuando vivimos buscando en Dios luz y fuerza para enfrentarnos a ellos.
En estos tiempos no siempre fáciles, ¿no necesitamos despertar en nosotros la
confianza en Dios y la alegría de sabernos acogidos por él? ¿Por qué no nos
liberamos un poco de miedos y angustias enfrentándonos a la vida desde la fe en
un Dios cercano?

José Antonio Pagola
Publicado en www.gruposdejesus.com

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