REFLEXIÓN DEL EVANGELIO – DOMINGO 2° DEL TIEMPO ORDINARIO

SEGUIR A JESÚS

Dos discípulos, orientados por el Bautista, se ponen a seguir a Jesús. Durante un
cierto tiempo caminan tras él en silencio. No ha habido todavía un verdadero
contacto. De pronto, Jesús se vuelve y les hace una pregunta decisiva: «¿Qué
buscáis?», ¿qué esperáis de mí?
Ellos le responden con otra pregunta: Rabí, «¿dónde vives?», ¿cuál es el secreto de
tu vida?, ¿desde dónde vives tú?, ¿qué es para ti vivir? Jesús les contesta: «Venid y
lo veréis». Haced vosotros mismos la experiencia. No busquéis otra información.
Venid a convivir conmigo. Descubriréis quién soy y cómo puedo transformar
vuestra vida.
Este pequeño diálogo puede arrojar más luz sobre lo esencial de la fe cristiana que
muchas palabras complicadas. En definitiva, ¿qué es lo decisivo para ser cristiano?
En primer lugar, buscar. Cuando uno no busca nada en la vida y se conforma con
«ir tirando» o ser «un vividor», no es posible encontrarse con Jesús. La mejor
manera de no entender nada sobre la fe cristiana es no tener interés por vivir de
manera acertada.
Lo importante no es buscar algo, sino buscar a alguien. No descartemos nada. Si un
día sentimos que la persona de Jesús nos «toca», es el momento de dejarnos
alcanzar por él, sin resistencias ni reservas. Hay que olvidar convicciones y dudas,
doctrinas y esquemas. No se nos pide que seamos más religiosos ni más piadosos.
Solo que le sigamos.
No se trata de conocer cosas sobre Jesús, sino de sintonizar con él, interiorizar sus
actitudes fundamentales y experimentar que su persona nos hace bien, reaviva
nuestro espíritu y nos infunde fuerza y esperanza para vivir. Cuando esto se
produce, uno se empieza a dar cuenta de lo poco que creía en él, lo mal que había
entendido casi todo.
Pero lo decisivo para ser cristiano es tratar de vivir como vivía él, aunque sea de
manera pobre y sencilla. Creer en lo que él creyó, dar importancia a lo que se la
daba él, interesarse por lo que él se interesó. Mirar la vida como la miraba él, tratar
a las personas como él las trataba: escuchar, acoger y acompañar como lo hacía él.
Confiar en Dios como él confiaba, orar como oraba él, contagiar esperanza como la
contagiaba él. ¿Qué se siente cuando uno trata de vivir así? ¿No es esto aprender a
vivir?

José Antonio Pagola

www.gruposdejesus.com

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