Hora Santa del Grupo de Matrimonios

Luz de las Gentes

“Había una boda en Caná de Galilea…”

Con la alegría de ser invitados a una boda y acompañar al novio, nuestro grupo quiso comenzar la andadura de este nuevo curso pastoral, dejando atrás un curso lleno de incertidumbres y ausencia de contacto personal. Por eso quisimos comenzar éste con la alegría de una boda, saboreando cada pasaje del evangelio, embriagándonos de la presencia del Señor y del contacto personal.

Comenzamos acompañando en procesión al “novio”, representado por el Cirio, dese el presbiterio hasta el oratorio, a los compases de “¡¡Que alegría cuando nos dieron vamos a  la Casa del Señor!!”. Una vez en el oratorio, presididos  por Jesús Sacramentado, comenzamos el tiempo de reflexión y meditación,  desgranando los versículos del pasaje evangélico de “las bodas de Caná”, que nos iba proclamando nuestro párroco.

Hacemos una pequeña síntesis:

“Había una boda en Caná de Galilea”: Esta frase nos sirvió para interiorizar las diversas situaciones humanas que nos importan e influyen en nuestra propia vida (familia, comunidad, pueblo, trabajo, mundo que nos rodea)… y caímos en la cuenta de que hemos ido ganando en realismo y serenidad, pero, por el contra, hemos dejado en el camino ilusiones y nos ha dejado un vacío. 

“La Madre de Jesús estaba en ella. Jesús y sus discípulos también estaban invitados a la boda”: En este momento percibimos que desde nuestro bautismo ha habido en nuestras vidas unos invitados muy especiales, que muchas veces arrinconamos, pero que allí han estado, no se han ido, y surge la pregunta: ¿por qué no te has ido Señor? ¿Por qué permaneces siempre a pesar de mi ingratitud? ¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?.

“Faltó el vino”: Por qué y en qué se está consumiendo el vino de mi vida? ¿Qué le está faltando a mi vida?.

“La Madre de Jesús le dice: no les queda vino. Él contesta: Mujer déjame que todavía no ha llegado mi hora”: La respuesta de Jesús sugiere que todavía no ha llegado la hora del Espíritu… pero es que tal vez no detecta en nosotros un interés decidido por nuestra renovación.

“La Madre dice a los sirvientes: hagan lo que Él les diga”: María no se cruza de brazos, porque ha sido testigo de que lo imposible es posible para Dios. ¿Y yo, me pongo las pilar?.

“Había allí colocadas seis tinajas para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una. Jesús dice: llenen las tinajas. Ellos las llenaron hasta arriba”. Llenar las tinajas hasta arriba supone poner todo nuestro esfuerzo y valores al servicio de lo que Él quiera de nosotros ¿estoy dispuesto?.

“Entonces les mandó: Sáquenlo y llévenlo al mayordomo. El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde había venido”… Nosotros nos beneficiamos también de tantas personas, desconocidas, de cuyo trabajo nos beneficiamos ¿Estamos dispuestos a seguir llenando tinajas de forma callada, sin estar mirando las que hemos llenado, sino procurando llenar las que la vida nos presente?.

“El mayordomo, entonces llamó al novio y le dijo: Todo el mundo pone primero el vino bueno, y cuando ya están bebidos el de peor calidad. Tú, en cambio, has guardado hasta ahora el vino bueno”. 

Finalizamos este momento de encuentro y oración ante el Señor con el compromiso de profundizar y cumplir cada uno de los miembros del grupo su Plan Personal de Vida Cristiana, al mismo tiempo que nos poníamos a disposición de la Comunidad para las tareas en las que se nos requiera.

Tras la Eucaristía, tuvimos un momento de compartir mesa y conversación con nuestro párroco, a quien, de corazón, agradecemos su disponibilidad y acompañamiento.  

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