“El que escucha estas palabras mías…”

Mateo 7, 21. 24-27

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«No todo el que me dice “Señor, Señor” entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.

El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca.

El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se derrumbó. Y su ruina fue grande».

Bla, bla, bla….

Gioba, un sacerdote italiano aficionado a acompañar el comentario de su homilía con viñetas, describía unos domingos atrás, a Dios sobre unas nubes escuchando las oraciones de sus fieles:  Señor te adoramos, te glorificamos; te alabamos…A lo que el buen Dios, desde la nube, respondía: Bla, bla, bla… Es la forma más gráfica de trasmitirnos que, a veces, nos conformamos con dirigirnos a Dios muy piadosamente, olvidando los auténticos problemas en que se debaten las personas. De ahí que, si nuestra oración no es expresión de nuestro compromiso, en todos los sentidos, con nuestros hermanos, especialmente con los más pobres, equivale a edificar nuestra casa sobre arena porque todo queda en mera palabrería.

Jesús nos invita a reflexionar, como siempre, sobre cómo está siendo nuestra vida.

Escuchar sus palabras y ponerlas en práctica es la única forma de edificar nuestra casa sobre roca. S. Pablo nos recuerda, en su primera carta a los Corintios, que Cristo es la piedra angular donde ha de asentarse toda nuestra vida. Esto solo ocurre cuando lo tenemos presente y actuamos guiados por Él.

Nuestro problema puede estar en que estamos muy habituados a oír, no a escuchar. De ahí que las palabras que proclamamos, o la lectura que realizamos, pueden resbalar por nuestra mente, sin dejar nada en nosotros. La escucha requiere cierto esfuerzo para dejarnos invadir por su contenido. Las palabras de Jesús son palabras de vida, verdad, pero, solo son tales cuando nuestra vida se deja modelar por lo que Él propone.

Solo desde esa escucha activa, viva, podemos esperar que todo nuestro sentir y actuar se vea invadido por el Espíritu de Jesús.

Ardua tarea cuya recompensa será el poder vivir con nuestra conciencia ensamblada en un proceso de transformación, donde sus mensajes vayan cambiando nuestra mente ¡ojo! y nuestro corazón. Si no es así, caeremos en lo que decía al principio, refiriéndome al sacerdote italiano: bla, bla, bla..

Seguro que no queremos quedarnos solo en las palabras. Estamos en un buen momento para renovarnos a la luz del evangelio de Jesús, como forma de vivir cristianamente el adviento.

Fray Salustiano Mateos Gómara O.P.
Convento de San Pablo y San Gregorio (Valladolid)mingo

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.