REFLEXIÓN DEL EVANGELIO SOLEMNIDAD DEL CORPUS CHRISTI – CICLO C

Lucas (9,11b-17)

Había sido un buen día. La gente seguía a Jesús y se olvidaba de los mínimos, hasta de comer. Tus palabras les alimentaban. Pero como todo en la vida, lo que empieza tiene también un punto final: “El día comenzaba a declinar”. Pronto todo estaría oscuro. ¡Qué hacer con aquella gente cansada y emocionada con todo lo vivido en el día!

Los Doce pensaron que había llegado el momento de resolver la papeleta que tenían delante. En el texto aparecen palabras que claman por quitarse de encima el problema cuanto ante: “despide… que se vayan… que busquen alojamiento y comida… descampado. Todo en negativo, sin atisbo de creatividad, empatía o alguna idea original, nada.

Dadles vosotros de comer”, les dices.

Imaginamos las caras de los Doce mirando los cinco panes y los dos peces. Pero te pones en marcha para atender a la gente a tu manera: implicando a los tuyos.

“Haced que se sienten en grupos de unos cincuenta cada uno”.

He aquí el efecto comunitario. He aquí lo que celebramos en la Eucaristía. He aquí la puesta en común. He aquí la comprensión de que la cosa va más allá de “cinco panes y dos peces” y más acá… va de mirada al cielo, de oración desde el corazón, de bendición y de Amor sin límites. Lo que venías repitiendo una y otra vez por todos los caminos que recorrías.

“Dadles vosotros…” susurras hoy también desde el silencio, la oración, la acogida… ¡vosotros, sí, en este tiempo, en el 2022. Estáis llamados atender la necesidad de los demás. Los “cinco panes y los dos peces” son el cuidado al otro, el tiempo de escucha, la lucha contra la injusticia, la empatía con quien sufre, la solidaridad con los que quedan en el descampado de la vida, la creatividad que ayude a enfrentar los problemas unidos, la alegría de compartir lo que cada uno pueda aportar. Asumiendo un compromiso de vida. Sin dar media vuelta a la menor dificultad.

Dadles vosotros…” puede escuchar quien se abra al eco de tus palabras convocándonos a la implicación comunitaria que es alimentar el cuerpo y el alma de una humanidad que camina junta pero no acababa de enterarse.

Lo dejaste bien claro, sólo falta que nos pongamos a ello, no desde la cabeza sino desde el corazón y el soplo de Espíritu.

Mari Paz López Santos

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