REFLEXIÓN DEL EVANGELIO DEL VI DOMINGO DE PASCUA MAYO DE 2021

Como el amor es una necesidad fundamental de todo ser humano, y como no hay abundancia de amor genuino, han surgido en nuestro mundo (¡cómo no!) una amplia gama de sucedáneos del amor: amor de consumo, amor profesional, amor por ordenador, píldoras del amor, amor de eslogan, amor de usar y tirar, amor «pret-a-porter», amor de equipo, amor de camaradas, amor a la naturaleza, amor a los animales, amor al hobbie, amor hinchable, amor telefónico…

El que quiera, puede dejarse engañar en un momento dado, en una situación desesperada. Pero, a la hora de la verdad, son perfectamente inútiles, no llenan, no satisfacen… Y entonces empieza un nuevo camino: pérdida del sentido de la vida, amargura, desesperación, incapacidad para buscar un nuevo horizonte…, quizá la droga, la delincuencia, el suicidio.

-Un amor «light»

Uno de los últimos sucedáneos es el amor «light»; para hablar correctamente, el «amor suave» o «liviano, de poca monta, vacío», que son otras traducciones también válidas del término inglés. Es increíble comprobar la cantidad de cosas «light» que hay hoy día en nuestro mundo: casi todos los productos comestibles tienen su versión de «poca monta» (lo último, las hamburguesas «light»).

Nadie ha comercializado (de momento) un amor «liviano», pero es de uso frecuente: un amor que no cree problemas, que no implique compromisos serios o duraderos, que reporte beneficios o comodidades (a la hora de realizar determinadas tareas domésticas, por ejemplo), que posibilite buenas ganancias, que se pueda eliminar al primer conflicto, a la primera dificultad. Un amor, en definitiva, que exija poco y rinda lo más posible. Puede que esta nueva modalidad de sucedáneo dure más que otras, pero tampoco satisface las necesidades del hombre. Y así, vuelve a surgir la oportunidad para buscar (y encontrar) un amor verdadero.

-Un amor genuino

Erich ·Fromm-E, en su ya clásico libro «El arte de amar», señala estas cuatro características del amor que recordamos ahora una vez más:

1ª. Cuidado del otro, preocupación activa por la vida y el crecimiento del otro; la esencia del amor es trabajar por alguien y hacerle crecer.

2ª. Responsabilidad: no como un «cargar con el otro», sino estar dispuesto a responder a las necesidades, expresadas o no, del otro; la vida de las personas a las que se ama no es sólo cosa suya, sino también propia.

3ª Respeto: que no es temor, ni reverencia sumisa, sino ver a la otra persona tal y como es, no como yo quisiera que fuese; eso sí, ayudándola a superar sus fallos y a desarrollar sus cualidades.

4ª. Conocimiento: para que exista ese respeto, tiene que haber conocimiento: profundo, real, total; no por la fuerza, sino por el diálogo.

No es fácil un amor así, pero la dificultad no nos debe echar atrás; no es frecuente, pero la infrecuencia no nos debe volver conformistas con la situación.

-El ideal de Jesús

Jesús, en esta misma línea, propone un ideal de amor, exigente, pero no imposible: «amaos unos a otros como yo os he amado»; ahí está la novedad, una novedad que no nos pone en la pista de una clase de amor diferente, sofisticado, sino en la pista del único amor que merece el nombre de tal, que no es ni sucedáneo ni light, que es cien por cien puro, auténtico.

El cristiano no tiene otra posibilidad de amor que el AMOR de Jesús, no puede amar de otra manera que como ama y amó Jesús.

Por otra parte, amar así es el único aval, la única garantía que los discípulos tienen para saber que se encuentran dentro de la línea marcada por Jesús, para saber que realmente están trabajando por el Reino, para saber que realmente viven, aunque pueda ser con deficiencias, como discípulos del Señor.

-La última voluntad de Jesús

La última voluntad de Jesús, el único mandato que deja a los suyos en la cena de despedida, es que se amen, y que lo hagan así. No les pide otra cosa, no les da otra consigna ni otra seña de identificación que ésa: amarse como Él.

Amar así es asomarse al misterio de amor de Dios, ser testigos de que Dios es misterio, pero misterio de amor, misterio ante el que no hay que temer, sino confiar; misterio, que no nos va a destruir, sino a revitalizar, a resucitar.

Hoy, la última voluntad de Jesús está de plena actualidad; hoy se necesitan más que nunca hombres y mujeres dispuestos a pasar de sucedáneos y a cumplir con ese mandato de amar como El nos amó.

Hoy, nuestro mundo está urgentemente necesitado de más y más testigos veraces del amor, testigos que sean, en última instancia, reflejo del amor de Dios, mensajeros y reveladores de ese amor. A nosotros, a la Comunidad de seguidores de Jesús, a la Iglesia, se nos ha encomendado especialmente esta tarea. ¿Qué hemos hecho de nuestra misión?

LUIS GRACIETA
DABAR 1991/26

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.