REFLEXIÓN DEL EVANGELIO DEL DOMINGO XIV DEL TIEMPO ORDINARIO

Marcos (6,1-6)

DIOS NO ES EXHIBICIONISTA  

¿No es éste el carpintero? 

Por lo general, los hombres buscamos a Dios en lo espectacular y extraordinario. Nos  parece poco digno encontrarlo en lo sencillo y habitual, lo normal y no vistoso. Según los relatos evangélicos, la verdadera dificultad para acoger al Hijo de Dios, no ha  sido su grandeza extraordinaria o su poder aplastante, sino precisamente el encontrarse  con «un carpintero», hijo de María, miembro de una familia insignificante. Alguien ha dicho que «la raíz de la incredulidad es precisamente esta incapacidad de  acoger la manifestación de Dios en lo cotidiano» (R. Fabris). No sabemos «reconocer» a  Dios en lo ordinario de la vida.

La encarnación de Dios en un carpintero de Nazaret nos descubre, sin embargo, que  Dios no es un exhibicionista que se ofrece en espectáculo, el Ser todopoderoso que se  impone y ante el que es conveniente adoptar una postura de «legítima defensa» (F.  Nietzsche). El Dios encarnado en Jesús es el Dios discreto que no humilla. El Dios humilde y cercano  que, desde el misterio mismo de la vida ordinaria y sencilla, nos invita al diálogo. Como  escribía D. Bonhoeffer, «Dios está en el centro de nuestra vida, aún estando más allá de  ella».

A Dios lo podemos descubrir en las experiencias más normales de nuestra vida cotidiana.  En nuestras tristezas inexplicables, en la felicidad insaciable, en nuestro amor frágil, en las  añoranzas y anhelos, en las preguntas más hondas, en nuestro pecado más secreto, en  nuestras decisiones más responsables, en la búsqueda sincera.

Cuando un hombre o una mujer ahonda con lealtad en su propia experiencia humana, le  es difícil evitar la pregunta por el misterio último de la vida al que los creyentes llamamos  «Dios». Lo que necesitamos es unos ojos más limpios y sencillos y menos preocupados por tener  cosas y acaparar personas. Una atención más honda y despierta hacia el misterio de la  vida, que no consiste sólo en tener «espíritu observador» sino en saber acoger con  simpatía los innumerables mensajes y llamadas que la misma vida irradia. Dios «no está lejos de los que lo buscan». Lo que necesitamos es liberarnos de la  superficialidad, de las mil distracciones que nos dispersan y de esa actividad nerviosa que,  con frecuencia, nos impide tomar conciencia de lo que es la vida y nos cierra el camino  hacia Dios.

JOSÉ ANTONIO PAGOLA
 BUENAS NOTICIAS NAVARRA 1985. Pág. 207 s

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