REFLEXIÓN DEL EVANGELIO – DOMINGO PRIMERO DE ADVIENTO – CICLO C

LIBERADOS

Tu vida, tu casa, los que más quieres, “tu Jerusalén”, puede estar cercada por ejércitos y amenazada por la desolación. Puede que te sorprendan señales en el sol, en la luna y en las estrellas; y en la tierra, angustia de las gentes, perplejas por el estruendo del mar y de las olas, muriéndose los hombres de terror y de ansiedad por las cosas que vendrán sobre el mundo; puede que las fuerzas de los cielos sean sacudidas… en fin… ¿habrá un miedo mayor?

Pues sí…

A lo que hemos de temer es a no vernos sorprendidos por la sacudida del corazón que ha perdido sensibilidad para descubrir la bondad y la fidelidad del Señor.

San Lucas nos pide cobrar ánimo y levantar la cabeza ante aquello que nos trae liberación. Es posible el adormecimiento del corazón deslumbrado con tanta luz que nos obliga a consumir, y puede ser que la verdadera estrella -no de neón- pase por nuestro cielo y pase desapercibida. No vendría nada mal en esos momentos una sacudida de nuestro cielo.

Habrá signos en el cielo y en la tierra. Los derrotistas y los orgullosos tendrán que bajar la cabeza. Se les dará un signo: un niño en un pesebre, un condenado colgado de un patíbulo, pero también unos ángeles en el cielo que cantan la gloria de Dios y el sepulcro vacío que anuncia la irrupción de una vida nueva.

La justicia y la paz tendrán la última palabra, ya que los pobres resistirán hasta la llegada de la promesa.

Nosotros no seremos nunca como los que carecen de esperanza. Porque con nuestra madre, la Iglesia encinta, creemos que ya está construyéndose con nuestra vigilancia en la Ciudad nueva, la Ciudad de la paz.


Fray Manuel Díaz Buiza

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