REFLEXIÓN DEL EVANGELIO – DOMINGO 34 DEL TIEMPO ORDINARIO – CICLO B – SOLEMNIDAD DE CRISTO REY DIOS DEL UNIVERSO

CRISTO REY

Solemnidad dedicada a Cristo Rey del Universo desde 1925en que fue instituida por el Papa Pío XI. Tiene lugar el último domingo del tiempo ordinario para expresar el sentido de consumación del plan de Dios. Nos presenta a Cristo como el rey que juzgará a toda la humanidad después del final de la historia humana.

Los reinos de este mundo son geográficos y temporales, se consiguen luchando por el poder. Este, no es de este mundo, es un reino de justicia, paz y amor… y se localiza en aquel que tiene a Cristo por soberano.

Aunque vivimos en tiempos en los que políticamente a muchos no nos es fácil reconocer el sentido de la realeza, el rey representa en la tradición y la memoria colectiva, la justicia, la máxima autoridad y categoría, por encima de cualquier otro individuo o poder mundano.

El catecismo de la Iglesia Católica nos dice que, ante la realeza de Cristo, “la adoración es la primera actitud del hombre que se reconoce criatura… es la actitud de humillar el espíritu ante el ‘Rey de la gloria’ y el silencio respetuoso ante Dios, ‘siempre mayor’ (n. 2628). Significa también reconocer que el hombre no debe someter su libertad personal, a ningún poder terrenal sino solo a Dios y a Jesucristo» (n. 450).

El rey así es imagen del Dios único. Es el tránsito del politeísmo antiguo al monoteísmo.

Por tanto este domingo de Cristo Rey nos impele, además de adorar la realeza de Cristo, a romper con aquellos ídolos que nos esclavizan o degradan, porque ocupan el lugar de nuestro único Rey.

Cada uno de nosotros conoce mejor que nadie cuáles son los ídolos ante los que se postra: el egocentrismo, el consumismo, el poder, el placer, o el dinero… Como dice el canto: ¡No adoréis a nadie más que a Él! Es el único que realmente llena nuestras vidas.

En estos tiempos de noticias falsas (fake news), es liberador y refrescante oír a Jesús proclamar que nació y vino al mundo para testificar LA VERDAD. Básicamente consiste en proclamar que Dios es amor y ama tanto al mundo que entregó a su hijo para salvarlo. Esta verdad es la luz imprescindible en nuestro caminar.

No escondamos la luz debajo del celemín. Mostrémosla con entusiasmo y valentía. Sólo así la Iglesia podrá ser en este mundo, el «reino de la verdad y la vida, el reino de la santidad y la gracia, el reino de la justicia, el amor y la paz», anticipo en este mundo del Reino de los Cielos.

Revista Buena Nueva

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *