REFLEXIÓN DEL EVANGELIO – DOMINGO SEGUNDO DE ADVIENTO – CICLO C

INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA

El corazón puro de María no es un corazón frío. Su castidad no es represión. Su pureza no consiste en la retirada de su humanidad. Su alma no es pura porque se encierre en la antesala de la vida, donde no sienta nada ni nada le alcance. Su corazón no se abstiene de amar, sino todo lo contrario.

La verdadera pureza de María consiste en el fuego apasionado de su amor; es la plenitud que provoca su Amado al ocupar todo su corazón, toda su mente y toda su alma: _«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo»._ Su corazón es íntegro porque no se desparrama, porque ama de manera total y unitaria al único Amor de su alma.

Y es así desde que su cuerpo comenzó a formarse en el vientre materno, dando espacio en su interior el don pleno del Amor. Sin interrupciones. Sin distancias. Toda ella llena de la gracia de su Amor.

Por eso, también su pureza es su entrega total a su Amado: _«He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra»._ Su «sí» es total. Toda ella es amada por Dios y por eso todo en ella es servicio amoroso. Es sierva, es esclava, con la libertad del Amor que al cautivarla la liberó. 

Pues la libertad suprema es el amor: solo en el amor se realiza nuestra vida. Solo quien ama es libre; pues, sólo quien es liberado por el amor puede amar y ser libre. Solo quien se llena de gracia solo quien vive del amor divino, se libera de su pecado y se realiza en el amor.


Alfa y Omega

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *