Uniendo corazones en torno a nuestra Madre
Crónica de una fiesta que echa raíces en la Cruz del Señor
El pasado lunes 25 de mayo, Lunes después de Pentecostés, toda la Iglesia universal celebró la memoria de la Bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia. Una festividad que, desde hace unos años, ha venido a enriquecer nuestro calendario litúrgico y que en nuestra comunidad de la Cruz del Señor vivimos ya con una devoción muy especial.
Hacía exactamente cuatro años que bendijimos la hermosa imagen de la Virgen que hoy engalana nuestra capilla lateral. Desde entonces, cada año nos reunimos para celebrar su fiesta, y es un auténtico gozo ver cómo, año tras año, esta celebración va encontrando un arraigo cada vez más grande en nuestra comunidad. Especialmente emotivo es ver la participación de la gente mayor; se palpa en el ambiente una alegría compartida y ese deseo profundo de reunirnos, como una gran familia, en torno a nuestra Madre del Cielo. La fiesta crece, y con ella, el espíritu de nuestra parroquia.
La Eucaristía de este año contó con un regalo muy especial en el altar: la compañía de don Luis Joaquín, Vicario Judicial de la diócesis. Para la Cruz del Señor, Luis Joaquín es mucho más que una visita ilustre; es un miembro entrañable del «álbum de la familia» parroquial, presente tantas veces celebrando la Santa Misa y guiando la formación del catecismo. Fiel a su estilo, nos regaló una predicación muy instructiva sobre la Virgen María y el profundo significado de su advocación como Madre de la Iglesia.
La Santa Misa, que estuvo bellamente animada por las voces de nuestro coro, concluyó con un broche de oro musical: el himno a la Virgen. Aunque nació hace solo cuatro años junto con la llegada de la imagen, la comunidad ya lo ha asimilado por completo y lo siente como algo muy propio, cantándolo con el corazón.
Como ya es tradición desde que comenzamos con esta festividad, el final de la misa reservaba uno de los momentos más emocionantes de la tarde: el homenaje sorpresa a dos mujeres de la parroquia que son, sin duda, auténticos pilares de nuestra vida comunitaria.
Este año, el reconocimiento fue para:
Montse. Encargada de llevar la contabilidad de la parroquia, pero, sobre todo, una mujer que siempre está ahí para todo, animando a los grupos y participando activamente en todo lo que la comunidad necesita.
Y Carmen Delia: Custodia de nuestra sacristía, atenta siempre al cuidado del templo, preparando con mimo cada celebración y logrando que todo esté impecable, limpio y arreglado para el encuentro con el Señor.
Ambas se llevaron una sorpresa mayúscula. Entre lágrimas de emoción, repetían con humildad que «no se lo merecían», aunque todos los allí presentes sabíamos perfectamente que se quedaba corto para todo lo que nos dan. El templo rompió en un aplauso cerrado, unánime y lleno de gratitud de parte de toda su familia parroquial.
La fiesta no podía terminar dentro del templo. Al finalizar los actos litúrgicos, la Plaza de la parroquia se convirtió en el escenario de un alegre brindis y un compartir. Entre risas, felicitaciones a las homenajeadas y conversaciones fraternas, cerramos una jornada redonda.
Gracias a todos los que hicieron posible este día. ¡Qué bendición es caminar juntos, año tras año, bajo la amorosa mirada de María, Madre de la Iglesia!





Recommended Posts
Bendecido verano
4 de julio de 2026
Agenda Parroquial del 29 de junio al 05 de julio, 2026
27 de junio de 2026
REFLEXIÓN DEL EVANGELIO – DOMINGO XIII TIEMPO ORDINARIO – CICLO A
27 de junio de 2026

