REFLEXIÓN DEL EVANGELIO – DOMINGO CUARTO DE ADVIENTO – CICLO C

MARÍA SE LEVANTÓ Y SE PUSO EN CAMINO DE PRISA

El tiempo se ha tensado para María. Todo momento teje en secreto la presencia de Dios en su vida. Cada instante Dios ocupa más espacio en la vida de los hombres, y en la suya. María se apresura para ver. Quiere ver como la promesa lo inunda todo. No se trata de esa prisa por la que uno se quita de encima el tiempo, tratando de llegar al momento final. Ella tiene prisa por ver cómo el momento lo cambia todo, quiere ver cómo cambia ya el presente. Por eso, su prisa consiste en la atención por cada instante y cada acontecimiento. Quiere ver como se desborda por todas partes la salvación.

Por eso viene a nosotros. Quiere contemplar como Dios entra en nuestras vidas. «¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?». Como para Isabel, su presencia amorosa nos permite reconocer en nosotros algo grande. ¿Quiénes somos nosotros para que nos visite María? ¿Qué tiene nuestra vida para que María venga a visitarla? La presencia de María en nuestra vida, su amor por nosotros, nos desvela que Dios viene también a nosotros: en cuanto su saludo llega a nuestros oídos, nuestro corazón se sobrecoge, porque comprende la grandeza que está por suceder en nuestro interior. Si María viene a visitarnos y está con nosotros, es porque algo grande va a suceder en nuestras vidas.

ALFA Y OMEGA

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