Un mismo banquete que trasciende el tiempo y el espacio:

Así vivimos la Eucaristía por nuestros fieles difuntos

Como cada año por estas fechas, nuestra parroquia se vistió de un profundo sentido de esperanza y memoria. Este lunes, a las 7 de la tarde, la iglesia se llenó por completo para celebrar la Eucaristía de conmemoración por todos nuestros fieles difuntos.

Es el momento en que la comunidad se reúne para recordar a quienes llevamos siempre en el corazón, a esos seres queridos que, aunque ya no estén físicamente entre nosotros, siguen estando profundamente presentes en nuestras vidas.

Un signo entrañable: Juntos a la misma mesa
Este año quisimos vivir un signo muy especial desde el momento en que la gente comenzó a llegar al templo. En el atrio, cada asistente pudo escribir en una pequeña tarjeta su propio nombre y, debajo, el de sus seres queridos difuntos.
Estas tarjetas fueron depositadas en una mesa situada a los pies del altar. En ella se prepararon dos servicios: uno para el Señor yotro para nosotros, presididos por un cartel muy significativo que decía «Reservado».

Durante la homilía, este gesto cobró todo su sentido. La reflexión nos ayudó a comprender una hermosa realidad de nuestra fe: tanto ellos como nosotros compartimos una misma mesa, solo que en este momento ellos están a un lado y nosotros al otro.

  • Ellos ya disfrutan de la presencia del Señor sin velos, cara a cara.
  • Nosotros todavía peregrinamos en la tierra y necesitamos de la liturgia.

Pero la liturgia tiene un poder extraordinario: es capaz de romper las coordenadas del tiempo y del espacio para hacernos conectar con ellos y permitirnos, verdaderamente, compartir una misma mesa.

En la celebración se proclamó el Evangelio en el que Jesús nos consuela recordándonos que se ha ido a prepararnos un lugar. Escuchando su Palabra, entendimos que tenemos un lugar reservado junto a ellos, una cita eterna que nos espera.

Si se nos diera la oportunidad, daríamos cualquier cosa por pasar tan solo un rato con nuestros seres queridos que ya han partido. La Eucaristía nos ofrece precisamente esa posibilidad infinita: en Dios y a través de la comunión de los santos, estamos más conectados que nunca con ellos. La distancia desaparece y el amor vence a la muerte.

Para que nadie se quede sin la oportunidad de participar, la mesa instalada a los pies del altar se mantendrá durante el resto de la semana. Invitamos a todos los feligreses que lo deseen a acercarse al templo, escribir los nombres de sus difuntos y depositarlos allí, uniéndolos a nuestras oraciones diarias.

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