Tercer domingo de mes: Abril, por los cristianos en el Líbano

Nuestra oración no tiene fronteras:
Otro tercer domingo de mes por los cristianos perseguidos.

Lo que comenzó hace tres meses como un compromiso de nuestra parroquia, se ha convertido ya en un pilar de nuestra vida comunitaria. El tercer domingo de cada mes no es un domingo cualquiera; es el día en que nuestra mirada se ensancha y nuestro corazón se une al de tantos hermanos que sufren por su fe en los rincones más difíciles del mundo

De la mano de la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN), seguimos adelante con esta iniciativa de oración y visibilización de una realidad que, aunque a menudo es invisible para los grandes medios, está muy presente en nuestro altar.

En esta ocasión, nuestra oración se ha trasladado al Líbano. A través del testimonio desgarrador de un niño libanés, hemos podido ponerle rostro al conflicto. Escuchamos cómo la guerra le obligó a abandonar su hogar y, lo más doloroso, cómo la violencia le arrebató a su hermano.

Es una tragedia que comparten miles de familias libanesas, pero que para los cristianos del «País de los Cedros» se vuelve aún más precaria. Su dolor ha sido hoy nuestro dolor.

Como ya es habitual en estos domingos de especial sensibilidad, la liturgia se cargó de símbolos cargados de significado:

La acogida: Iniciamos la Eucaristía recordando la labor de Ayuda a la Iglesia Necesitada, situándonos en comunión con la Iglesia que sufre.

La música: Las estrofas de «Noche», de Hakuna, resonaron con una fuerza especial, dedicadas específicamente a esos cristianos oprimidos que mantienen la luz de la fe en medio de la oscuridad.

Las ofrendas: En un silencio respetuoso, presentamos ante el altar:

Un ramo de olivo con un lazo negro: En memoria de todos los fallecidos en este conflicto, pidiendo la paz que solo Dios puede dar.

Unas llaves: Símbolo de tantas familias que han tenido que cerrar sus puertas para siempre y huir con lo puesto, convirtiéndose en refugiados en su propia tierra.

No queremos que la situación de estos hermanos caiga en el olvido. Como comunidad, nos sentimos llamados a ser su altavoz y su apoyo espiritual.

«Si un miembro sufre, todos los miembros sufren con él» (1 Cor 12, 26).

Gracias a todos por vuestra sensibilidad y por participar de forma tan activa en estas celebraciones. Nos vemos el próximo tercer domingo de mes para seguir siendo una sola Iglesia, unida en la oración y la caridad.

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