“SI TU MANO TE HACE CAER, CÓRTATELA”

MARCOS (9, 41-50)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«El que os dé a beber un vaso de agua porque sois de Cristo, en verdad os digo que no se quedará sin recompensa. El que escandalice a uno de estos pequeñuelos que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar. Si tu mano te induce a pecar, córtatela: más te vale entrar manco en la vida, que ir con las dos manos al infierno, al fuego que no se apaga.

Y, si tu pie te induce a pecar, córtatelo: más te vale entrar cojo en la vida, que ser echado con los dos pies a la “gehenna”.

Y, si tu ojo te induce a pecar, sácatelo: más te vale entrar tuerto en el reino de Dios, que ser echado con los dos ojos a la “gehenna”, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga.

Todos serán salados a fuego. Buena es la sal; pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salaréis? Tened sal entre vosotros y vivid en paz unos con otros».

Si tu mano te hace caer, córtatela

(Tomado de https://www.archisevillasiempreadelante.org/palabraviva-17-02-22/)

Duras palabras del evangelista Marcos, propias de la mentalidad semítica de la comunidad a la que las dirigía. Pero no menos dura la interpelación que nos hacen a nuestro bienestar material. Jesús comienza exaltando los gestos pequeños, como dar un vaso de agua, si se hacen en su nombre. Cuántos gestos más destacados que el insignificante vaso de agua realizamos a diario buscando nuestra gloria, paladeando los elogios. Y, sin embargo, Jesús nos previene: es escandalosa nuestra acumulación de riqueza, la lujuriosa exhibición de nuestros roperos repletos, de nuestras despensas abastecidas, mientras los pobres son cada vez más pobres. Ay de quienes les roban también la esperanza, de quienes les arrebatan lo último que les queda. Jesús no se anda con medias tintas, sabe bien de lo que está hablando. Y nosotros, también. Otra cosa es que queramos escucharlo. Apreciamos demasiado nuestras manos, nuestros pies, nuestros ojos -para cuyo disfrute no hemos hecho nada- como para prescindir con tal de salvarnos. Y tú, ¿eres sal sosa que perdió su sabor?

Fuente: https://www.archisevillasiempreadelante.org/palabraviva-17-02-22/

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.