REFLEXIÓN EVANGELIO DOMINGO VI TIEMPO ORDINARIO – CICLO A

Mt 5, 17-37.

MÁS ALLÁ DEL CÓDIGO DE BARRAS

A veces, vivir la fe se parece peligrosamente a seguir las normas de tráfico: si no me salto el semáforo y no supero el límite de velocidad, me considero un «buen conductor». Sin embargo, en el Evangelio de este domingo, Jesús nos lanza un reto que desmonta nuestra comodidad. Nos dice que, para entrar en el Reino de los Cielos, no basta con no dar un golpe al coche; lo que realmente importa es hacia dónde estamos conduciendo el corazón y qué intenciones llevamos en el asiento del copiloto.

Jesús se pone serio —con esa seriedad de quien ama profundamente— para explicarnos que no ha venido a tirar por la borda lo que ya sabíamos, sino a llevarlo a su máxima potencia. Su mensaje es revolucionario porque nos saca de la zona de confort: nos dice que no basta con «no matar». Seamos sinceros, la mayoría de nosotros no vamos por ahí cometiendo crímenes, pero ¿Cuántas veces «matamos» con un desprecio, un vacío o un insulto en medio de un atasco? Jesús nos pide que bajemos al sótano de nuestro interior, allí donde nacen el enfado, la doblez o el deseo de posesión, y que pongamos luz antes de que el sentimiento se convierta en acto.

Esta propuesta nos invita a pasar de una religión de mínimos, esa que pregunta «¿qué es lo obligatorio para no pecar?», a una fe de máximos que se pregunta «¿qué más puedo hacer para amar mejor?». Es una invitación a la coherencia total, donde nuestro «sí» sea un «sí» rotundo y nuestro «no» sea «no», sin letra pequeña ni filtros que disfracen la realidad. Jesús nos enseña que el culto más hermoso que podemos ofrecer a Dios no ocurre siempre dentro del templo, sino en el camino hacia él: «vete primero a reconciliarte con tu hermano».

Vivir así, con esa transparencia y esa capacidad de perdón, puede parecer una locura en un mundo que nos empuja a tener siempre la última palabra o a guardar rencor por si acaso. Pero, como nos recuerda san Pablo, hay una sabiduría que no es de este mundo y que solo se entiende cuando uno se fía de Dios. El reto para esta semana es sencillo de decir, pero valiente de aplicar: no te conformes con cumplir el expediente cristiano. Atrévete a que tu corazón no solo siga reglas, sino que lata al ritmo de la generosidad de Jesús. Al final del día, lo que nos salva no es haber cumplido una lista de normas, sino haber dejado que el amor nos cambie los planes.

Parroquia Cruz del Señor

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