REFLEXIÓN EVANGELIO DOMINGO III TIEMPO ORDINARIO – CICLO A – DOMINGO DE LA PALABRA DE DIOS
Mt 4, 12-23.
Este domingo 25 de enero es el domingo de la Palabra de Dios, una tradición instaurada por el papa Francisco hace muy pocos años.
Pero, ¿no tienen todos las celebraciones litúrgicas una gran parte dedicada a escuchar la Palabra de Dios? ¿Por qué dedicar un domingo al año a esta celebración en concreto?
En muchas iglesias todos los domingos se suprime la segunda lectura porque es imposible asimilar tanta palabra, y mucho menos si se lee todo seguido sin pausas entre una lectura y otra. ¿Para qué leemos tanto si no tenemos un tiempo para orar con ello?
“La palabra de Dios es viva y eficaz» dice la carta a los Hebreos 4:12. Pero lo es cuando le damos la posibilidad de penetrar hasta lo más hondo del corazón para que nos ayuda a discernir en nuestro seguimiento de Cristo.
La Palabra del evangelio de hoy nos muestra a Jesús discerniendo la manera en la que va a llevar a cabo su misión. Ahora que Juan ya no está entre ellos, Jesús elige su estilo propio de liberación del pueblo. Se sitúa en Cafarnaúm, capital judía de Galilea muy cerca de los territorios “paganos”, Zabulón y Neftalí. Aunque recoge el mensaje de Juan del anuncio del reinado de Dios, no lo hace asociado al bautismo, ni a ningún rito religioso, y tampoco anuncia un juicio contra aquellos que no lo acepten.
El evangelista Mateo cita al profeta Isaías para darnos a entender que esa luz grande que le brilla al pueblo es Jesús. Más que una profecía es una interpretación a la luz de la vida, muerte y resurrección de Jesús.
Jesús no se sitúa en el desierto, sino allí donde vive el pueblo y más que la soledad, de la que ya ha hecho experiencia antes de empezar su anuncio, empieza llamando a personas con quienes hacer camino.
Esta Palabra es viva y eficaz, y si al escucharla, dejo que me hable al corazón, me sacuda de mi letargo. La Palabra no es un código ético, no es un mensaje de Dios. La Palabra es Dios entre nosotros en la persona de Jesús. No se nos llama a imitarle como él no imitó a Juan. Más bien, escuchó, sintió, y siguió su voz interior que le llamaba a plasmar el reino con otros y otras a través de la palabra y de las obras.
Duele profundamente que nuestra iglesia no haya sabido acercar a las personas a la Palabra, ayudado a interpretarla, a orarla, a realizarla en nuestras vidas. En ese sentido nuestros hermanos protestantes nos dan mil vueltas con la formación que reciben, y con la importancia que le conceden a la Palabra para llegar a vivir un cristianismo maduro y comprometido.
No podemos disociar la celebración de la eucaristía del estudio y la profundización en la Palabra. Los católicos seguimos dando más importancia a la presencia de Cristo en el pan y el vino consagrados que en la Palabra y en la comunidad cristiana.
Buen ejemplo de ellos son las palabras de Jesús en este evangelio de Mateo (a Pedro y Andrés, a Santiago y Juan ) y que siguen vigentes: “veníos conmigo”. Os llamo y os sigo llamando a que caminéis conmigo, a que discernáis vuestro camino a que expresemos juntos lo que significa ser comunidad cristiana.
Somos la luz que ve el pueblo que habita en tinieblas, esa luz que brilla a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte. Se nos ha concedido ser Palabra hoy porque “a cuantos la aceptan los hace capaces de hacerse hijos e hijas de Dios: a esos que mantienen la adhesión a su persona”. (Juan 1:12)
Celebremos este domingo de la Palabra de Dios, pero no dejemos de reservar un tiempo cada día después de un rato de silencio, un espacio para escuchar la Palabra para que se vaya haciendo vida de nuestra vida.
Carmen Notario
Recommended Posts
Bendecido verano
4 de julio de 2026
Agenda Parroquial del 29 de junio al 05 de julio, 2026
27 de junio de 2026
REFLEXIÓN DEL EVANGELIO – DOMINGO XIII TIEMPO ORDINARIO – CICLO A
27 de junio de 2026

