REFLEXIÓN DEL EVANGELIO – SOLEMNIDAD DEL SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO

Jn 6, 51-58.

Verdadera comida y verdadera bebida

El Evangelio de este domingo nos sitúa ante una de las declaraciones más radicales de Jesús: “Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que coma de este pan vivirá para siempre”. Son palabras que no admiten medias tintas ni reduccionismos poéticos. Jesús no habla en metáfora; se ofrece como sustento real para nuestra existencia.

​A menudo buscamos desesperadamente calmar nuestra sed de felicidad en recetas de autoayuda, en el éxito profesional o en un bienestar material que, en cuanto se consigue, demuestra su insuficiencia. Experimentamos un hambre profunda de sentido, de paz y de eternidad que ninguna agenda llena ni ningún logro humano puede saciar. Sufrimos, en definitiva, de una desnutrición del alma.

​Celebrar el Corpus Christi es recordar que Dios no se quedó en las alturas observando nuestras carencias, sino que se hizo pan para poder ser digerido, asimilado y convertido en parte de nosotros. Comulgar es permitir que la vida misma de Cristo irrumpa en nuestra rutina, sanando nuestras zonas heridas y transformando nuestra fragilidad.

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