REFLEXIÓN DEL EVANGELIO – III DOMINGO DE PASCUA – CICLO A
Lc 24, 13-35.
REDIRECCIÓN TRAS LA RESURRECCIÓN
Ser discípulo se caracteriza por estar de camino, por la itinerancia. Así lo vemos en el relato de Lucas 24 donde lo que caracteriza a estos dos personajes es el camino hacia un pueblo llamado Emaús. Podrían ir con diferentes objetivos, que el texto no indica: podrían bien ser predicadores, comerciantes, peregrinos… Podrían ser a su vez colegas, amigos, familiares… que buscan nuevos horizontes tal vez cerrando una etapa que ya no ofrece continuidad. Preocupados y desarmados por la historia reciente, conversan mientras caminan casi perdiendo la esperanza en relación con todo aquello que antes tenía significado para ellos.
Y en ese peregrinar y en esa parada en sus caminos, se encuentran con una novedad, algo inesperado: hay vida; la vida no se acaba con la muerte, lo que parecía derrota puede ser un paso, lo que su antiguo maestro les contaba ahora se explica. Él sigue vivo, está con ellos, les enseña y explica, come con ellos…
Ya así reconocen a un Cristo en el camino, también itinerante, presente…. Y es ese presente el que da sentido a lo pasado y sobre todo a las nuevas expectativas. La claridad de la vida deja vislumbrar el camino y la verdad. Porque como explicaba Jesús, el camino, la verdad y la vida coinciden. La apertura a la resurrección impulsa a un giro radical. Conocer al resucitado marca un nuevo itinerario para los peregrinos. Van a cambiar el camino.
La realidad de la resurrección reorganiza prioridades. Da igual el plan que tenían estos dos discípulos, hay algo que ya no motiva ni interesa y otra cosa que ocupa el lugar central. Descubrir este nuevo rumbo llena de alegría y reúne con la gente que tiene las mismas comprensiones, los mismos focos de atención, la misma misión.
Y ahora sí, el camino enseña que la Vida es algo distinto. Abunda en quien la ofrece y entrega. Es imparable y eterna. Proviene de la Fuente, vuelve a Ella y se vuelve a donar. Es don y regalo para quienes no se aferran a ella. Quien la defiende para sí y se agarra a ella, sencillamente, la pierde. El resucitado es el camino, la verdad y la vida.
Paula Depalma
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