REFLEXIÓN DEL EVANGELIO – DOMINGO IV DEL TIEMPO ORDINARIO – CICLO C

LA PRIMERA MIRADA

María ha dado a luz al Hijo de Dios en el portal de Belén; y lo ha entregado al mundo. Ahora, “cumplidos los días de su purificación según la ley de Moisés”, lo lleva al Templo; lo presenta al pueblo escogido que Dios había preparado para le diera el nacimiento; y lo hace con la misma naturalidad con que dio a luz en el pesebre. En silencio, sonriente, acompañada de san José, María presenta al pueblo de Israel su esperanza hecha realidad: el Mesías anunciado desde la expulsión del Paraíso, profetizado por los profetas, esperado por el pueblo. El Salvador. Dios con nosotros.

En su Nacimiento, Jesucristo ha iluminado de Luz las tinieblas del mundo.

En su Presentación, el Niño Jesús, Dios y hombre verdadero, ilumina el Templo; da Luz a todo el pueblo de Israel. El Templo, que siempre ha sido el lugar de Dios en medio de su pueblo; se convierte ahora ya, verdaderamente, en la casa de Dios vivo en la tierra.

En su Nacimiento, nadie lo estaba esperando, “a los suyos vino, y los suyos no lo recibieron”.

En su Presentación, lo acoge el anciano Simeón “que aguarda el consuelo de Israel”, y que ha recibido el anuncio de que no moriría sin haber visto la gloria de Dios. María descansa al Niño en sus brazos; el anciano se llena de gozo y exclama dejando su vida en las manos de Dios que yace confiado en las suyas.

Simeón abre con toda sencillez y humildad su alma al Señor:

“Ahora, Señor, según tu promesa puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel”.

En Simeón estamos representados todos los creyentes en Jesucristo, y todos los que por un camino u otro, a lo largo de su vida, lo buscamos ¡Con cuánto gozo y paz se habrá preparado Simeón para este encuentro con el Señor! ¿Cómo nos preparamos nosotros para recibir al Señor en el encuentro tan personal con Él, que vivimos en la Eucaristía?

Acogiendo así, con Fe y Esperanza al Señor, y de la mano de Santa María -María es hoy, verdaderamente, Mater Ecclesiae, Madre de la Iglesia, Madre en la Iglesia- vamos preparando el camino del encuentro con Cristo, a todos los hombres y mujeres que no han recibido todavía la noticia del Nacimiento de Cristo, del Salvador, a la tierra. Gente que todavía vive en “tiniebla”, que afirman que no tienen fe, que no creen en Dios, que no quieren leer ningún libro religioso que pueda reverdecer en el fondo de su alma el anhelo de volver a encontrarse con Dios hecho Hombre… Esas personas, sin saberlo, esperan de nosotros el anuncio de que Cristo ha venido al mundo; de que el Hijo de Dios se ha encarnado y es Dios y hombre verdadero.

La Presentación del Señor en el Tempo, es una llamada a todos los creyentes para darnos cuenta de que el Señor cuenta con cada uno de nosotros para anunciar su venida al mundo. Todos somos “iglesia”

    El Templo –la iglesia- en la que la Virgen Madre María quiere presentar hoy a su Hijo, y llenarnos de Luz, de Verdad, somos cada uno de nosotros. ¿Tenemos esa disposición del anciano Simeón para recibir en nuestros brazos al Niño Jesús? ¿Pedimos perdón al Señor por nuestros pecados en el sacramento de la Reconciliación; dejamos atrás nuestras malas acciones, queremos morir a nuestras malas inclinaciones y deseos para vivir ya con Cristo, en Cristo, por Cristo; y poder así anunciarlo a todos nuestros amigos, conocidos?

Revista Buena Nueva

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *