REFLEXIÓN DEL EVANGELIO – DOMINGO 13 DEL TIEMPO ORDINARIO – CICLO B
¿ANDAMOS POR LA VIDA ENTRE MIEDOS O NOS MOVEMOS IMPULSADOS POR LA FE?
Desde la situación en que estemos, nuestra fe nos pone en camino para ir a Jesús, un camino marcado por la confianza en Él, único Señor de la vida. Ese fue el caso de la mujer hemorroísa y de Jairo, el jefe de la sinagoga.
Ambos, es lo que afirma el evangelio, son testigos de una fe grande en Jesús y desde esta fe y su propia realidad se ponen en movimiento: La mujer sola, en silencio, asustada y temblorosa se arriesga a saltarse las normas y acercarse a Jesús por detrás, convencida de que con el gesto de tocarle solo el manto en secreto, Él puede salvarla y la salvará de la enfermedad devolviéndole la vida.
Jairo se acerca de frente, acompañado, se presenta a Jesús, se postra ante Él, expresa su dolor y pide confiado su intervención. Escucha como Él le responde y se ponen en camino juntos acompañados, arropados, por mucha gente.
Caminos de fe muy distintos, tan ricos en matices que nos permiten sentirnos identificados con alguno de ellos en muchos momentos de nuestra vida. Pero ambos, caminos de fe seria y comprometida. Por eso el final es el mismo: Jesús les devuelve la paz, la salud, la vida, porque solo Él es el Salvador, el Señor, el Dios de la vida para todos. Esta es la afirmación, el mensaje central del evangelio.
Y ante esta afirmación lo que se nos plantea es la hondura de nuestra fe. ¿Creemos en Jesús? ¿Qué es lo que significa realmente para mí, en mi vida diaria, creer en Jesús? ¿Hasta donde llega mi confianza en Él? ¿Cómo es mi acercamiento a Jesús, en qué momento o situaciones lo hago?
En definitiva, ¿confío en Él cuando me siento como la mujer anónima, sola, que ve su vida sin salida, sumida en la enfermedad, en el fracaso, en situaciones de aislamiento o de muerte? ¿Y sigo confiando en Él cuando me siento como Jairo, con nombre y responsabilidad en la iglesia, en la comunidad parroquial, en la familia, con necesidad de clamar por otros, mi hija, mis proyectos, mis sueños… que parecen muertos aunque Jesús opina que solo están dormidos?
Jesús contrapone como en otras muchas ocasiones dos cosas importantes el miedo y la fe: “No tengas miedo, tan solo ten fe”. No tengas miedo a los que te van a echar si te ven acercarte a Jesús, por impura, por poco ortodoxa, por distinto, por mujer… No tengas miedo a los que te juzgan, critican y marginan. No tengas miedo a los que te dicen que dejes en paz al maestro que el proyecto ya está muerto, que no hay nada que hacer, que hay que aceptar resignadamente las “cosas como son en estos tiempos”…
Tan solo ten fe ante tu hija que parece muerta, ante tu obra de toda la vida que parece fracasada, ante los esfuerzos y entregas no reconocidos… Ten fe ante tu propia impotencia, vulnerabilidad y a veces desanimo…
Pero, ¿cómo sabemos que realmente tenemos fe? Si, como la mujer o como Jairo, estemos donde estemos, nos ponemos en camino para ir a Jesús. Un camino marcado por la confianza que no se sostiene en lo que pasa, o en cómo evolucionan las cosas, sino solo en la fe en Jesús. Como dice el profeta “Aunque la higuera no eche yemas y las vides no den fruto… aunque no haya vacas en el establo y se acaben las ovejas del redil… Con todo, yo me alegraré en el Señor y me gozaré en el Dios de mi salvación.” (Habacuc 3, 17)
Y al final, en estos como en todos los milagros, Jesús afirma “Tu fe te ha salvado” te ha curado, te ha dado la paz, te ha devuelto la vida. Esa fe que es un don de Dios, sin duda. Pero también una tarea nuestra cuidar y alimentar.
Mª Guadalupe Labrador Encinas, fmmdp
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