Cien Años del DOMUND y Oración por la Iglesia Perseguida en Nicaragua

Este pasado fin de semana del 18 de octubre, Domingo XXIX del Tiempo Ordinario, nuestra comunidad parroquial vivió una celebración especialmente emotiva y profunda. Nos unimos en primer lugar a toda la Iglesia universal en el centenario de la Jornada Mundial de las Misiones (DOMUND).

A través de la Misa por la Evangelización de los Pueblos, rezamos con gratitud por los misioneros que entregan su vida en todo el mundo y colaboramos activamente en la colecta especial para sostener sus proyectos de fe y caridad.

Junto a esta efeméride misionera, nuestra parroquia retomó la iniciativa de los terceros domingos de mes, un espacio dedicado a rezar e interceder por los cristianos que sufren persecución en el mundo. En este mes de octubre, nuestra mirada y nuestro corazón se dirigieron hacia la difícil realidad que se vive en Nicaragua, donde el régimen de Ortega ha expulsado a obispos, sacerdotes y religiosos, ha prohibido las manifestaciones públicas de fe y obliga a miles de creyentes a vivir su compromiso cristiano en la clandestinidad.

Para visibilizar esta situación y sensibilizar a la comunidad, la celebración estuvo acompañada de varios signos de comunión fraterna. La imagen del Cristo de nuestra parroquia lució iluminada en rojo como símbolo del martirio y la fe probada de nuestros hermanos. En la liturgia, tras la introducción inicial, añadimos una oración especial en las preces comunitarias y, entre la oración de los fieles y el ofertorio, escuchamos el desgarrador testimonio de unos sacerdotes nicaragüenses. Asimismo, durante las ofrendas, junto al pan y al vino, presentamos ante el altar una imagen de La Purísima, patrona de Nicaragua, confiando la protección del pueblo nicaragüense a los pies de la Santísima Virgen.

Todo ello tuvo como principal propósito mover nuestros corazones para no olvidar nunca a quienes sufren por causa del Evangelio. Os invitamos a mantener viva la oración diaria por la Iglesia en Nicaragua y por todos los cristianos perseguidos, recordando que el amor fraterno y la oración no entienden de fronteras.

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