REFLEXIÓN DEL EVANGELIO – II DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO – Ciclo A
Jn 1, 29-34.
El Evangelio de este domingo nos vuelve a situar a orillas del Jordán. Juan el Bautista, tras ver descender el Espíritu sobre Jesús, hace una revelación que cambia por completo nuestra comprensión de la fe. No solo nos presenta al Salvador, sino que nos explica cómo actúa Él en nosotros: «Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ese es el que bautiza con Espíritu Santo» (Jn 1, 33).
A menudo nos acostumbramos a ver el bautismo como un evento del pasado. Sin embargo, Juan nos recuerda que Jesús no vino simplemente a darnos un baño de pureza externa con agua, sino a sumergirnos en el fuego del Espíritu.
Bautizar «en el Espíritu Santo» significa que Jesús introduce en nuestro corazón la vida misma de Dios. No es una energía abstracta; es una llama que arde en el centro de nuestro ser. Es el Espíritu quien transforma nuestra existencia de algo «tibio» o «frío» en una vida con propósito, pasión y fuerza.
Y si el Espíritu Santo es una llama en nosotros, esa llama tiene una doble misión que define nuestra identidad como cristianos en la parroquia y en el mundo:
Dar calor: En un mundo que a veces parece congelado por la indiferencia, la soledad o el egoísmo, el cristiano está llamado a «atemperar» los ambientes. Con el Espíritu, nuestras manos consuelan, nuestras palabras abrazan y nuestra presencia acoge. Somos el abrigo de Dios para los que sufren.
Iluminar: La llama del Espíritu no se guarda bajo el celemín. Estamos llamados a dar luz en medio de las dudas y las oscuridades de nuestra sociedad. Una fe encendida por el Espíritu ayuda a otros a encontrar el camino, a ver la verdad y a descubrir la belleza de la vida.
El Espíritu Santo ya ha sido derramado en nosotros, pero a veces dejamos que las cenizas del cansancio o la rutina cubran el fuego.
Este domingo es una oportunidad de oro para decirle al Señor: «Aviva tu llama en mí».
No tenemos que fabricar nuestra propia luz; solo tenemos que dejar que el Cordero de Dios, que nos ha bautizado con su Espíritu, sople sobre nuestras brasas para que volvamos a arder con fuerza.
Parroquia Cruz del Señor
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